En este mundo globalizado todo está bajo control de la dictadura rojiverdegay...¿todo?...NOOO, una aldea de irreductibles patriotas resiste ahora y siempre al invasor con una poción mágica que les hace invencibles...EL CEREBRO.
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Miércoles, 28 de marzo de 2007
Los devotos del progreso experimentamos anoche una experiencia mística casi tan intensa como el talante de pepiño: el Mesías zetamongoloide se hizo carne y habitó entre los hombres (y hombras) durante dos horas. Dos horas en las que la paz que transmitió fue tan verdadera, que el sopor invadió a cuantos escuchábamos un run-run cóntinuo de pálabras ésdrujulas rémarcadas por el présidente. Dos horas en las que, en su infinita sencillez, y a pesar de que él era tratado de usted, se empeñó en tratar de tú a todo el que se le puso por delante, muestra evidente de su curiosa educación, de su cercanía a la chusma y del cariño del buen pastor por su rebaño.
Cien y ciena ciudadanos y ciudadanas pretendieron exponer al presidente por accidente sus cuestiones (algunos directamente le imitaron y, encantados de escucharse, soltaron un discursito cortado a tiempo por Milá); y digo pretendieron, porque la verborrea meliflua y vacía del gran capitán de la nave ex-pañola acabó por merendarse el tiempo del programa y sólo 42 afortunados pudieron dialogar con la deidad progresista (y eso que el moderador terminó por agrupar las preguntas de tres en tres y por exigir brevedad y concreción a todos, incluido el mesías, al que reprendió en varias ocasiones).
De ayer se pudieron extraer varias consecuencias: Si Hitler fue un gran orador capaz de enardecer a su público y llevar a su pueblo al abismo, zetamongus liberator etarrorum es otro ser de excepción, capaz de lo imposible, de dormir a las ovejas (y nunca mejor dicho) del rebaño progresista, y de conducir a su pueblo también hacia el barranco, aunque esta vez sin encomendarse a nadie.
La otra consecuencia es que, a diferencia del endiosado Aznar, que ponía los pies sobre la mesa de Bush, nuestro presidente, aparte de preferir poner los pies sobre la mesa de Otegui, mojamé, Chávez o el mogutu bananero de turno, está al cabo de la calle, no nos falla, palpa las inquietudes de los ciudadanos, sus problemas, y los entiende como el padre amoroso que es. Preguntado por un campechano navarro sobre cuánto costaba un café, el mesías respondió, “ochenta céntimos”, a lo que el pobre navarro, desconocedor de las matemáticas aunque sin mala fe, rebatió, “no, eso era en los tiempos del abuelo Pachi”. ¿Cómo se atreve ese hombre a dudar de la memoria de zetamongus? ¿Acaso se cree que no es capaz de recordar la última vez que pagó un café? Si el café vale más será cosa de la trama de especulación de los fascistas del audi, que pretenden hacerle quedar como un líder distante.
En definitiva, después de lo visto ayer, si España fuera país exportador de humo no hay duda de que el presidente por accidente sería capaz de hacernos ricos a fuerza de vender millones de toneladas por hora.

Efe. Madrid. El presidente, la última vez que pagó un café.
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